La madre del blues

Netflix ha estrenado “Ma Rainey’s Black Bottom”, una película que nos describe un episodio concreto de un personaje real, Ma Rainey una pionera del blues, en el momento de grabación de un disco y las tensiones que se generan a su alrededor.

La película está basada en una obra teatral de August Wilson, autor llevado al cine hace poco por Denzel Washington que dirigió y protagonizó otra de sus obras, “Fences” y que aquí repite, esta vez en el rol de productor.

August Wilson: The Ground on Which I Stand |August Wilson biography and  timeline | American Masters | PBS

Dos reflexiones fundamentales sobre esta película. La primera es que estamos ante una adaptación de una obra teatral, lo cual no es malo, y cientos de películas tienen el armazón argumental de un drama para hacer cine. El problema aquí es que se nota demasiado que estamos más ante un teatro filmado, que ante una película en sí. A la limitación de escenarios, se une un tipo de realización, teatral en extremo, que pretende conmocionar por intensa pero que no lo hace por una falta de contexto, entorno y desarrollo de personajes. No me cabe duda de que esa intensidad y cercanía del actor puede funcionar sobre las tablas, pero lamentablemente en la gran pantalla no siempre es así y aquí lo que se transmite es falsa afectación.

Sin duda se nota que su director, George C.Wolfe, se encuentra más comodo haciendo teatro (donde ocupa una posición de cierto prestigio, con un par de premios Tony y varias nominaciones) que cine, donde sus trabajos como director siempre han sido episódicos y de resultados muy discretos.

Por otro lado, hay también un problema de expectativas. La presentación de la película te hace pensar en una historia ambiciosa sobre el papel de una mujer pionera del blues, con música, contexto histórico, racismo, etc. Pero no es así, la película consiste en una serie de personas encerradas en una habitación, con unos exagerados y casi siempre injustificados picos de carácter, que son lo que sustentan la trama.

Casi me interesa más saber lo que pasa fuera de esa habitación, lo que nos nos cuenta, que lo que vemos realmente, que no es más que una anecdótica y episódica historia mínima. Me gustaría oír la música que hacía esta señora y también me hubiera gustado ver desarrollada la vida de sus acompañantes, la de ella misma y sus conciertos y giras por esa norteamérica segregacionista.

Pero no, todo se ciñe a un monólogo existencial de un músico frente a otros que no le dan apenas réplica. Sus aspiraciones personales, un episodio racial concreto de su infancia y un inesperado, exagerado y fuera de contexto desenlace, es en lo que se acaba resumiendo todo.

Ma Rainey's Black Bottom' First Reactions: Boseman, Davis Shine | IndieWire

Como contrapunto a lo anterior, vemos a una diva excesiva, caprichosa y cruel que no despierta más que antipatía y que no sabemos porque es así. Apenas oímos su música y más alla de que cante, desconocemos todo de su vida (que en la realidad por lo que yo sé, fue muy interesante).

Por último, las interpretaciones han sido algo muy valorado en esta película. No comparto esta cuestión. Viola Davis está excesiva y enterrada en maquillaje. Sin duda es premeditado, pero esto no convierte automáticamente lo que hace en una gran actuación. Por otro lado está Chadwick Boseman, que es quien está más tiempo en pantalla y soporta el peso de la película. Él está bien y hace lo que puede, es el único que brilla algo, pero tampoco su interpretación es legendaria, aunque su fallecimiento, tan joven, posiblemente sobredimensione sus méritos en esta, su última película.

Ma Rainey's Black Bottom (2020) - IMDb

En resumen, una pequeña decepción, teatro televisivo que no se adapta bien a su medio. Intensidad artificial que intentan inocularnos a golpe de efecto y por mi parte, tras verla, ganas de que alguien nos cuente lo que nos hurta el film, la verdadera historia de Ma Rainey, una mujer muy interesante, cuya apasionante vida podría alimentar una buena película, no como esta.

All they want is my voice': the real story of 'Mother of the Blues' Ma  Rainey | Blues | The Guardian

Ava

Movistar acaba de estrenar una película que en circunstancias normales hubiera sido presentada en salas comerciales. Pero los tiempos actuales han propiciado el estreno directo en plataformas digitales, de cintas con un claro recorrido en cines.

La película nos muestra las peripecias de una mujer, Ava, que trabaja para una organización secreta como asesina. Un argumento como este, podría a muchos hacernos desistir de verla, ya que difícilmente se me ocurre un argumento más convencional y manido. Pero claro, hay un factor disruptivo que justifica que pueda interesarnos, su protagonista Jessica Chastain.

En mi opinión, Chastain es la actriz más talentosa que ha irrumpido en los últimos 10 años. Recuerdo el impacto que me produjo su interpretación en “El árbol de la vida” y en “Take Shelter“, ambas en 2011. A partir de ahí, verla actuar, siempre me ha resultado estimulante como espectador, ya que a su talento hay que añadir una excelente elección en sus proyecto que hacen que sus películas sean como mínimo interesantes, cuando no excelentes.

Si a esto le unimos un director, Tate Taylor, que realizó (también con Chastain) la estimable “Criadas y Señoras” (2011) y las intervenciones de actores de sólido prestigio como John Malkovich o Geena Davis, el reinventado en los últimos tiempos para bien Collin Farrell y esa evocadora presencia que descubrimos a finales de los ochenta que es Joan Chen, creo que podemos considerar que esta película quizás tenga un mayor interés del que parece.

Pero una vez vista, hay que decir que este es un claro ejemplo de que a veces es mejor dejar a un lado cierto bagaje cinéfilo y dejarse llevar por la primera impresión. La película no es lo que a priori parece, es aún peor.

Intentando ser positivos, ver siempre a Jessica Chastain es interesante y creo que aquí mantiene el tipo con dignidad. También es de agradecer que la película solo dure 96 minutos y…. no se me ocurre nada más positivo que decir.

El film es rutinario, intrascendente, no aporta nada y tiene algunas derivadas que rozan el absurdo. Películas de estas hay muchas, sin ir más lejos las de James Bond o Jason Bourne, cuyo ritmo, tensión y vigor visual hacen que sean espectáculos disfrutables. Pero no es el caso de “Ava”. Las situaciones de tensión están desaprovechadas, y las de acción resultan algo ridículas. Estamos ante un producto de consumo muy básico, nada sofisticado, ramplón en lo técnico y bastante torpe en su realización, sustentado en un guión que parece escrito a brochazos. Una película que al poco de terminar de verla, ya la estás olvidando.

Malkovich, Farrell, Davis y Chen son espectros episódicos en una trama que no permite dotar de mucha dignidad ni presencia a sus personajes. Una deriva que pasa de la mediocridad inicial, a un monumental absurdo en los últimos treinta minutos donde toma mayor peso el entorno personal de la protagonista y que argumentalmente resulta aún peor que la propia trama criminal principal.

Una pena. Si llego a saberlo hubiera ocupado mi tiempo en hacer cosas más provechosas, como tumbarme en la cama a mirar el techo de mi habitación o ver videos de gatos en TikTok. Como consuelo, me quedo evocando esas películas e interpretaciones con las que Jessica Chastain me ha hecho disfrutar tanto estos últimos años.

The Prom

Netflix, en su habitual aluvión de grandes estrenos de final de año, nos presenta lo último del muy prolífico y mayormente televisivo Ryan Murphy. Aquí el creador nos ofrece un musical que nos cuenta la historia de como un elenco de actores de Broadway, acude al rescate de una chica en un pueblo de Indiana, que no puede acudir al baile de graduación porque es lesbiana y quiere ir con su novia.

Por un lado habría que hablar de Ryan Murphy. Uno de los más importantes creadores televisivos, al que si tuviera que etiquetar de alguna manera lo haría por su gusto por el exceso. En cualquier caso tiene series notables y hay que reconocer que no sería posible hablar de esta época dorada y de renacimiento de la ficción televisiva, sin reconocerle un lugar relavante en la misma.

Ryan Murphy Shares an Update on His Movie Adaptation of The Prom | Playbill

Por otro lado, podríamos hacer una reflexión en relación al musical contemporáneo y de como este género a priori, podría venirle bien a creadores tendentes a la grandilocuencia como Murphy. Sin duda el musical permite llevarnos a un mundo de reglas difusas donde todo cabe, los sentimientos se subliman, las licencias narrativas afloran a cada momento y hay que aceptar el juego de la deformación de la realidad.

Personalmente, siento simpatía por los musicales, un género predominante y que arrastraba masas de espectadores en el Hollywood clásico, pero que desde hace décadas (lo mismo valdría para el western) ha dejado de ser recurrente para convertirse en puntual en el cine actual. Aun así, en estos últimos años he disfrutado de películas muy diferentes y alejadas de la escuela clásica, que han aportado luz y vitalidad a un género que languidece. Unas veces desde la espontaneidad festiva como “Mamma Mia” (2008), otras desde el exceso y la reinvención estética y del revival musical como “Moulin Rouge” (2001), también desde la fuerza y la verdad de los intérpretes como en “Los miserables” (2012) o desde la brillantez y la emoción como “La La Land”(2016).

De ahí que el planteamiento de “The Prom” y la solvencia de sus intérpretes (dos de sus protagonistas, Meryl Streep y Nicole Kidman, lo son también de dos de las películas que he mencionado), me hacían atisbar la posibilidad de que iba a asistir a uno de estos contados ejemplos de renacimiento y dignificación del género.

Me equivoqué. Lejos de inspirarse en obras mayúsculas, Ryan Murphy ha mirado hacia si mismo, ha cogido “Glee”, le ha dado un barniz de lujo, le ha añadido estrellas consagradas y ha ideado un artefacto que aunque se deja ver, acaba resultando empalagoso.

Ciertamente, como ya he dicho, en el musical deben admitirse licencias y exageraciones, pero en este caso las primeras son clichés muy primarios y las segundas te llevan por un camino tan evidente y de una forma tan gratuita y cargada de tópicos, que hasta en un contexto como el de este género resultan desmesuradas.

No hay capacidad alguna de sorpresa, no hay intensidad dramática en ninguna de sus situaciones, y los neones y el brillo sepultan cualquier atisbo de emoción en un espectador que en esencia, asiste a una plana comedia romántica con gente cantando y bailando.

Si nos ceñimos a los números musicales, reconozco que el nivel medio de las canciones es correcto, pero la coreografía en ningún momento resulta espectacular ni llega a impresionar. Llena de trampas, la cámara se mueve más que los actores (que tiempos esos en los que Fred Astaire o Gene Kelly bailaban en un solo plano durante minutos con la cámara quieta), a los que se les ve casi exclusivamente de cintura para arriba en los bailes y sin continuidad alguna con una excesiva sucesión de planos.

The Prom: El nuevo musical de Ryan Murphy para Netflix

Argumentalmente es endeble, llena de clichés y facilona. Hecha para un espectador que no quiera enfrentarse a dificultad ni adversidad emocional alguna. Todo es previsible, todo es plano y todos los protagonistas son como mínimo puros arquetipos, cuando no te preguntas directamente que pintan ahí, como en el caso de Nicole Kidman. Y como remate, el director necesita 132 minutos para contar esto, cuando a los 5 minutos ya podemos intuir paso por paso lo que va a acurrir y cómo. Con 90 minutos ya sobraría.

Sabía de los riesgos del “factor Murphy”, pero sinceramente esperaba algo mas que envoltorio, luces, brillos, cámaras a toda velocidad y una historia insustancial. Manida y llevada con una correccción política tan exagerada y con tanto edulcorante, que su sola visión podría matar a un diabético.

Una pena tanto medio y tanto talento al servicio de…… la nada.

Mank

Netflix acaba de estrenar la película que llevo un año escuchando que va a ser la más importante del 2020. Sin duda atractivos no le faltan, ya que a estar dirigida por David Fincher, uno de los grandes del cine contemporáneo, se le suma un argumento potencialmente adictivo para cualquier cinéfilo clásico, como es la historia del guionista, Herman J. Mankiewicz, al concebir el guion de “Ciudadano Kane”. Personaje este, quizás algo eclipsado en general por la gran carrera de su hermano menor, Joe Mankiewicz como director, y en lo particular por la arrolladora personalidad de un Orson Welles que ha pasado a la historia como hacedor en solitario de uno de los grandes obras de la historia del cine.

Siempre han resultado atractivos esos personajes talentosos, a la sombra de otros, que no vieron tan reconocidos sus méritos, pero que eran imprescindibles para llevar a cabo determinados proyectos. Ese tipo de personaje es Herman J.Mankiewicz, guionista del Hollywood clásico que firmó multitud de guiones desde el final del cine mudo hasta su muerte en los cincuenta. Un artesano de la escritura y hacedor de historias en la época en que los grandes estudios estrenaban películas, igual que Ford hacía coches. Algo que Fincher aborda desde la implicación personal que para el director debe suponer el hecho de que el guion de esta película sea de su padre, Jack Fincher, cuya figura parece querer reivindicar, realzando un arquetipo de personaje que siempre ha estado en la trastienda.

Mank': los personajes reales de la película de Fincher de Netflix

Como ya he dicho, una historia como esta llevada a la pantalla, es el sueño húmedo de cualquier cinéfilo. Si “Ciudadano Kane” como película, es el Sancta Sanctorum de la cinefilia, recrear su génesis, contexto, circunstancias, la figura del propio Orson Welles y el retrato que hacía de algunos personajes de la época, es algo siempre sugestivo. Con lo cual, volver a ese mundo, y poner el foco en un personaje considerado subalterno a Welles, pero en el fondo autor intelectual de tan magno artefacto fílmico, es muy apetecible.

Pero he de decir, y empiezo por las conclusiones, que como espectador, y cinéfilo clásico al mismo tiempo, esta película me ha decepcionado. Peor aun, doy un paso mas, y podría afirmar que si me desprendiera de mi condición de cinéfilo clásico y me quedara solo con el traje de espectador “estandar”, el adjetivo que usaría sería aun peor, hablaría directamente de una película algo aburrida.

Aun reconociendo que el film es interesante, creo que tan solo lo es para una minoría que conoce a todos los personajes que ahí aparecen y que erroneamente, el director presume que todos controlan, ya que en ningún momento considera necesario profundizar demasiado en sus personalidades, ni explicar apenas quienes son.

La fragmentación, el constante ir y venir de la historia, la sensación continua de encontrarte algo desubicado como espectador y cierto caos argumental, no permiten empatizar con un mundo que apenas se nos muestra en la cinta, pero que nos consta que era mágico y apasionante. Los actores están correctos, con Gary Oldman al frente llevando el peso del film y Amanda Seyfried y Lily Collins como mejores escuderas del protagonista. Pero sus personajes son incapaces de transmitir una emoción que nos haga empatizar con ellos, puesto que realmente no llegamos a conocer sus inquietudes ni motivaciones más profundas. Un talón de Aquiles que se repite en el cine de Fincher, perfecto en lo técnico, de precisión milimétrica, pero muchas veces incapaz de transmitir al espectador ese intangible que es la emoción.

Hay una voluntad de recrear cierto estilo semejante a “Ciudadano Kane”, pero todo parece impostado, lo que que en Kane resulta fascinante, en Mank es neblinoso. No se explica convenientemente más que con algún discurso añadido, la verdadera naturaleza de la relación de Mank con su mujer, tampoco la de Hearst y Davies. El contexto político resulta desdibujado y episódico con la candidatura de Upton Sinclair en California. Se nos hurta el drama vital de la secretaria de Mank pero sobre todo, las auténticas motivaciones de Mank para recrear de forma tan cruel a los Hearst, sus supuestos amigos. El nudo central de la trama, no queda resuelto, ni tan siquiera da pie a una hipótesis.

Quién es quién en 'Mank': guía para no perderte la película de Fincher | El  cine en la SER | Cadena SER

Podríamos decir que la película mantiene un moderado interés por lo que sabemos previamente de su trastienda, y porque hay algunos diálogos y situaciones de bastante brillantez. Pero ese moderado interés sabe a poco teniendo en cuenta el enorme potencial de la historia y las mas que sobradas capacidades de quien está al otro lado de la cámara, y al que llevábamos seis años esperando ver en la gran pantalla. De ahí que el veredicto final a una cinta a la que se le pide mucho y que penetra en ámbitos cinéfilos apasionantes, no pueda más que resultar decepcionante, carente de emoción y sin solución satisfactoria que desentrañe ninguno de los enigmas que señala.

Hillbilly, una elegía rural

En ese gran contenedor, ese mercadillo lleno de productos audiovisuales que es Netflix y en el que rebuscando a conciencia a veces encuentras alguna joya, se acaba de estrenar una de sus más importantes apuestas de la temporada. Y es que de un tiempo a esta parte, la plataforma ya nos tiene acostumbrados a obsequiarnos al final de cada año, con alguna delicatessen que suele meterse entre lo mejor de la temporada cinematográfica.

El argumento de “Hillbilly, una elegía rural” se basa en el best seller del mismo título, sobre la historia real del propio autor. Narra la encrucijada de un estudiante de derecho de Yale, a las puertas de una entrevista para obtener un importante empleo, al que se le cruza una crisis familiar que le hace revivir todo su pasado.

A priori, el producto debería suscitar cierto interés. Por un lado está su director, Ron Howard, con una carrera algo irregular, pero casi siempre dentro de unos margenes de cierta calidad, aunque algo lastrado por su obsesiva orientación en la búsqueda del gran público. En su haber obras notables como “Una mente maravillosa” (2001), “Cinderella Man” (2005) o “El desafío: Frost contra Nixon” (2008). Películas todas ellas con un potencial muy alto, y aunque da la impresión de que su director no exprime al máximo el potencial de esas historias, al menos es capaz de hacer un producto solvente y de buena factura con ellas.

Ron Howard movie “Hillbilly Elegy” filming in Middletown, Ohio | NBC4  WCMH-TV

Por otro lado, está el reclamo de dos grandes actrices, de dos generaciones diferentes, pero de merecido prestigio ambas, Glenn Close y Amy Adams, que además aquí encarnan unos personajes susceptibles para el lucimiento.

Amy Adams, Glenn Close talk their major 'Hillbilly Elegy' transformations |  EW.com

Pues bien, todo este previo sobre las expectativas que puede tener la película, es lo más interesante de la misma. Lamentablemente, una vez vista, es complicado encontrar motivos para recomendarla. La reacción que provoca es la de cierta perplejidad porque esta cinta aparezca en algunos pronósticos como una potencial aspirante a llevarse algunos premios.

Quizás el problema sea que Ron Howard, que empezó muy joven en el mundo del cine, ha rememorado sus inicios en los años 70 y 80 en los que hacer una película para televisión significaba hacer un telefilm de los que ponen los fines de semana después de comer. Porque tristemente esto es lo que ha perpretado nuestro querido Ron, un telefilm para la hora de la siesta.

La historia, aunque algo manida, no deja de tener cierto potencial. Superación, familia rota, reencuentro con el pasado, son cuestiones ya muy tratadas en cientos de películas, pero capaces de ofrecer resultados satisfactorios. Pero este no es el caso, bajo una factura algo más cuidada y algunos nombres relevantes en el elenco interpretativo, el director parece aburrirse con una historia a la que no dota de brío alguno y cuya potencial emoción no es adecuadamente transmitida a un espectador, que sin caer en el total aburrimiento, seguramente dentro de una semana ya habrá olvidado casi por completo lo que acaba de ver.

Un film cuyos personajes, a pesar de vivir situaciones límites, no son capaces de transmitirnos emoción alguna y donde buena parte del desarrollo de la historia se nos presenta a retazos brevemente explicados y mal desarrollados.

En cuanto a las actrices, ni Close ni Adams realizan sus mejores interpretaciones. Encarnan unos personajes potencialmente fuertes, pero ahogados en una estructura, en una forma de contar la historia, con continuos saltos temporales que aquí cercenan lo que de fuerte puede tener una trama que solo vemos fragmentada y que no permite que el espectador empatice con lo que está pasando.

El protagonista, autor del libro sobre su propia vida, está aquí encarnado por dos actores que interpretan su adolescencia y su presente, Owen Asztalos y Gabriel Basso respectivamentre. Ambos correctos, sin más, son los que llevan realmente el peso de la película. Como contrapunto algo hueco pero lo único luminoso del film una, como siempre, guapísima y solvente Freida Pinto.

Hillbilly Elegy (2020) - IMDb

Una decepción por su falta de acierto en la estructura, su incapacidad en transmitir emoción alguna y por la indiferencia que provoca en el espectador. Un telefilm, en el sentido mas peyorativo del término.

El juicio de los 7 de Chicago

A pesar de que se trata sólo de la segunda película como director de Aaron Sorkin (la primera fue “Molly´s Game” en 2017) es indudable que cualquier proyecto relacionado con él concita un interés derivado de su papel de guionista en otras películas como “Algunos Hombres Buenos” (1992) o “La Red Social” (2010) o en series de televisión, muy especialmente “El Ala Oeste de la Casa Blanca” (1999-2006).

No me cabe duda que Aaron Sorkin es un tipo brillante que escribe unos diálogos perfectos para sus personajes y esta película es un buen ejemplo de ello. Sorkin aborda la historia de uno de los juicios más populares de la historia de Estados Unidos, donde siete personas fueron acusadas de conspiración por alentar manifestaciones contra la Guerra de Vietnam. Un tema interesante, donde la retórica, el mensaje y el contexto judicial deben hacer las delicias de un gran escritor.

Pre-Production on Aaron Sorkin's Trial of the Chicago 7 Shut Down /Film

Sorkin acomete con oficio el reto, pero poco más. Frente a la brillante retórica hay una ausencia total de emoción y empatía que hace que el film se siga con un máximo interés, pero a la vez con un absoluto desapasionamiento. Un film donde hay mucho cerebro pero muy poca alma.

Todo está bien, todo está en su sitio, pero todo resulta distante. Nada que decir de unos actores correctos pero algo rígidos (quizás destaque algo más que el resto Sacha Baron Cohen) que ponen voz a los hechos históricos y al guion de Sorkin.

Review: Now streaming on Netflix: The Trial of the Chicago 7 is Aaron  Sorkin and Sacha Baron Cohen at their best - The Globe and Mail

Otro problema es el tono de la película. No está muy claro hacia donde se dirige, una veces parece una peli de juicios, otra un drama político social, pero al final lo que más lugar ocupa es la parte de la sátira, lo que banaliza algo una historia de denuncia potencialmente fuerte y al mismo tiempo dificulta el camino a la emoción del espectador.

Con este tipo de material, y seguramente deambulando por caminos casi opuestos, directores como Oliver Stone o Steven Spielberg hubieran dotado de épica y emoción a la historia y a sus personajes, a los que Sorkin les ha escrito bellos e inteligentes diálogos, sobrados de brillantez pero ausentes de emotividad.

Estrenos: 'El juicio de los 7 de Chicago': la película más militante de  Netflix está destinada a asaltar los Óscar | Cine y Televisión | LOS40

Una pena, una de las películas más esperadas de este año, que sin llegar a defraudar queda muy por debajo de las expectativas, y es que son muy pocos los cineastas que poseen la capacidad de emocionar y estremecer. Esta historia lo tenía todo, pero su frialdad y la elección de un tono algo discutible, lo han truncado.

Under the Skin

Llevaba ya años detrás de esta película. Un título de 2013 que de forma recurrente aparecía en listados de las mejores películas de los últimos años y sobre el que había numerosas reseñas en círculos muy cinéfilos, no siendo hasta este año, al menos de forma legal, posible disfrutarlo. Tras verlo, lo primero que a uno se le ocurre es que es tan desconcertante, singular e inexcrutable como su recorrido comercial.

Se trata de una película extrema, ideal para alimentar debates cinéfilos y apartada de cualquier concesión que pueda engarzarla con el gran público. Aunque eso sí, con un elemento disrruptivo que es la presencia de una gran estrella, Scarlett Johansson, a la que por su elección, exposición y riesgo por protagonizar esta película no cabe más que alabarla. Esto no obstante puede provocar malos entendidos entre cierto tipo de público. Aun recuerdo como en la cola de la taquilla del cine para ver “El árbol de la vida”, una pareja que iban delante de mí comentaba animosamente lo bien que se lo iban a pasar viendo una peli de Brad Pitt. Los pobres no sabían que lo que realmente iban a ver era una película de Terrence Malick. Por supuesto, esta pareja abandonó la sala antes de llegar a la primera hora y no fueron los únicos en hacerlo. De ahí que sea importante decir que si bien se trata de un film de Scarlett Johanson, que lo da todo en un papel y que aparece en casi todos los planos de la película, exponiéndose físicamente como nunca antes y seguramente como nunca lo hará después, el film huye de cualquier tipo de narrativa para embarcarmos en unos ámbitos de experimentación y recursos sensoriales que lo alejan del cine convencional.

Una de las películas más icónicas de Scarlett Johansson llegará a los cines  españoles 7 años después

Su argumento, permite muchas lecturas, y como no tendría claro hacia donde dirigirme hago corta y pega de la sinopsis que aparece en la ficha técnica de filmaffinity y que me parece el único punto de partida consensuado ante un film que permitiría todo tipo de elucubraciones sobre su temática: “Una misteriosa mujer deambula por las calles de Escocia, arrastrando a hombres solitarios y confiados a un destino fatal”.

Como ya digo, no es el argumento lo importante, sino la estética y el tempo visual y sensorial que transmite. Una película que te mantiene en una permanente sensación de incomodidad, desasosiego y desconcierto que te atrapan y hacen difícil despegarse de la pantalla y separar nuestra vista de una magnética, subyugante y enigmática Scarlett Johansson que lo es todo en esta cinta.

practical magic - Căutare Google | Scarlett johansson, Scarlett, Johansson

Su director, Jonathan Glazer, con una escasa filmografía, tan solo 2 largometrajes, y proviniente del mundo del videoclip musical, se coloca con esta película en ese escaso y extraño olimpo en que selectas minorías cinéfilas y posmodernas colocan películas generadoras de controversias artísticas y polémicas narrativas. Un film que en este contexto, entronca con “Holly Molors” (2012) de Leos Carax y que como este, no admite otras valoraciones que no sean las de alzarla al ámbito de lo magistral o denostarla como una tomadura de pelo sin sentido.

En mi caso, reconozco que si el cine hubiera optado mayoritariamente por este camino experimental, seguramente habría desertado de las salas. Pero ciertamente encuentro estimulante que se hagan películas extremas y singulares como esta. Obras que se dirijan a la emoción del que lo ve antes que a su raciocinio. Un film que exije al espectador dejarse llevar, más que por una historia, por una experiencia que nos funde con su protagonista en un mundo desolado, extraño, oscuro y lleno de inquietud y desconcierto. Un universo donde la belleza del cuerpo de Scarlett Johansson se mezcla con un paisaje urbano acechante, la deformidad extrema del ser humano, la crueldad, el misterio y un destino final trágico.

Under the skin | Crítica La mujer que cayó de las estrellas

Una propuesta estimulante y atractiva, pero al mismo tiempo complicada y sin concesiones al espectador. Más para sentirla que para entenderla.

Cumple 100 años: “El Golem” de Paul Wegener y Carl Boese

En 1920 se estrenó la que podríamos considerar la versión cinematográfica definitiva de “El Golem”, que toma como referencia la leyenda de una estatua, un hombre de barro, erigido en el siglo XVI en el gueto de Praga y creado para salvar a la amenazada comunidad judía de la ciudad.

Esa leyenda fue libremente llevada a la literatura por Gustav Meyrink en 1915 en un popularísimo libro que fue el más leído en su época. Tomando como referencia el personaje protagonista de la historia, el cine no tardó nada en adaptarlo y fue Paul Wagener, actor y director, el encargado de hacerlo, a través de tres películas, inencontrables dos de ellas (1915 y 1917), pero quedando la tercera “El Golem” 1920, como la versión definitiva de la historia que ha llegado a nuestros días.

Refiriéndome a la película en si, recordar que estamos en el mismo año en que se estrena “El Gabinete del Dr.Caligary” y que nos encontramos en los albores del expresionismo alemán. Pero en el caso de “El Golem” no podemos decir que haya tomado unos senderos estilísticos tan rupturistas. Los decorados son excelentes y la estática adecuada, pero en un ámbito mas realista dentro de lo gótico a pesar de que la historia podría permitir mayores audacias visuales.

Der Golem – Wie er in die Welt kam (1920) | Silver in a Haystack

Realmente, viendo la trama, los que vemos es una especie de Frankenstein judío, que usa muchas referencias del monstruo clásico. Es una historia correctamente llevada y solo a veces emocionante (lo mejor la persecución por parte de el Golem de la chica y su amante). Por otro lado, la interpretación de Wagener como monstruo puede resultar hoy un tanto desfasada, con un exceso de expresividad que provoca una ligereza innecesaria en lo que debería aspirar a ser puro terror. Un personaje que es una estatua y al que un hieratismo de corte mas “frankensteniano” le hubiera venido mejor.

Un golem movido por bacterias - Jot Down Cultural Magazine

La transcendencia de Paul Wagener, director y protagonista de la película, no ha llegado a nuestros días mas que por este film y por “El estudiante de Praga”. Fue de los artistas que siguó trabajando con los nazis y su carrera nunca alcanzó las cotas de sus inicios. Curioso que quien hoy es recordado por interpretar a un personaje que defendía a los judíos, acabara siendo uno de los actores oficiales del régimen nazi.

En cualquier caso estamos ante uno de estos clásicos indiscutibles de la época en los que el cine empieza a ser también arte y a transcender de forma artística, y esta película es una parada que todo cinéfilo debe visitar.

“A propósito de nada” de Woody Allen

Cada vez que pienso en lo cerca que se ha estado de que este libro no viese la luz, siento una punzada de alivio por lo afortunado que soy de que no haya sido así y por los momentos de felicidad, risas y entretenimiento que me ha proporcionado su lectura.

Vivimos tiempos en que la conducta personal de una persona puede dilapidar y derrumbar sus obras artísticas. Me parece discutible y creo que ambas cosas son disociables, ya que la conducta penal de alguien no debería sepultar méritos de otra índole. Creo que cualquiera puede repudiar la figura de Harvey Weinstein, pero no por ello renunciar a disfrutar de los proyectos en los que participó, por que entonces ya no podríamos ver las pelis de Tarantino que él produjo. Como tampoco podríamos ver ninguna película de Kevin Spacey o Dustin Hoffman, ni escuchar ninguna ópera en la que haya participado Plácido Domingo. ¿Acaso Cervantes no fue a la cárcel por quedarse con parte de los impuestos que recaudaba como funcionario público?, debería esto hacerme huir de la lectura del Quijote…o un último ejemplo, Caravaggio, gran pintor pero un pendenciero y un asesino ¿Se debería por esto quemar sus cuadros o arrojarlos a un desván?

El debate está ahí y mi postura es clara, pero lo peor con Woody Allen es que él no debería formar parte del mismo, ya que su situación no alcanza a las anteriores. Woody Allen ni ha reconocido ningún delito ni comportamiento impropio ni ha sido condenado por ellos a pesar del exhaustivo escrutinio que ha sufrido al respecto. Fue acusado, no hubo evidencia alguna de la acusación y fue declarado inocente. Punto y final.

Lectores y suscriptores ganadores de ejemplares de "A propósito de ...

Mi opinión sobre Woody Allen no es de rendirme ante su obra. Me cae bien su persona, me parece un tipo inteligente y con un sentido del humor con el que empatizo en general y que encarna una generación de artistas y una forma de ver la vida que me gustan. Pero al mismo tiempo, tengo que reconocer que vistas casi todas sus películas, son muy pocas las que me llenan, en todas hay chispazos geniales, pero pocas me atrapan durante todo el metraje. En cualquier caso, esta no deja de ser una opinión cinéfila que no cabe en este artículo que está dedicado a su autobiografía.

Estamos ante las memorias de un cineasta, pero Woody Allen no solo es un cineasta, es un adjetivo, una mirada sobre las cosas, es una visión del amor, la pareja y la muerte y también es Nueva York, y en cierta manera el representante de otra época y una perspectiva singular sobre todo.

Todo esto es su autobiografía. Allen repasa cronológicamente su vida, desde su infancia a la actualidad, sin imposturas, quitándose importancia y con su particular sentido del humor y la ironía que impregnan todo, por traumático que pueda ser lo que esté contando.

Al principio Allen habla de su infancia, su barrio, sus padres, la felicidad que le proporcionaba meterse en un cine y los grandes comediantes y monologuistas de la época, a los que en el inicio de su carrera empieza a suministrar chistes, para poco después ser él mismo el que se suba al escenario.

Yo me burlo de mis padres en esta narración de mi vida, pero cada uno de los conocimientos que me impartieron me ha servido mucho en las décadas posteriores. De mi padre: cuando compres un periódico en un quiosco, nunca cojas el que está encima del todo. De mi madre: la etiqueta siempre va a la espalda.

A partir de ahí Allen entra en el mundo del cine y ya no parará hasta hoy. Repasa sus peripecias personales (especialmente en lo que a las relaciones de pareja se refiere) y las alterna con sus películas y la gente con la que trabajó en ellas.

Por último, no escatima espacio, como no puede ser de otra manera, en el episodio personal más gris y desagradable de su vida, las acusaciones de su ex pareja Mia Farrow, de cometer abusos sexuales sobre una hija menor de edad. Ahí Allen es exhaustivo, convincente y a pesar de la situación, no abandona su sentido del humor. Además sigue el hilo de este episodio para desembocar en su actual pareja Soon-Yi a la que hace objeto de una bellísima declaración de amor

A un tipo cuyo momento mas emocionante del día consiste en dar un paseo por el Upper East Side, no hay duda de que un sórdido escándalo digno de de cualquier periódico sensacionalista puede subirle la adrenalina.

Su lectura de las cosas siempre es positiva y tienen un punto lúdico y brillante que me hacían que estuviese siempre deseando continuar con su lectura. Un libro además plagado de momentos y anécdotas que como cinéfilo lo hacen aun más interesante. Quizás el elemento con el que me quedo es su ausencia total de vanidad y un discurso en el que constantemente le quita importancia y transcendencia a su persona y a su obra. Así, en numerosas ocasiones califica películas suyas como bobas o directamente fallidas y su técnica y exhaustividad artística como escasas.

¿Qué es lo que más lamento? Solo haber recibido millones de dolares para hacer películas, haber gozado de un control artístico total y no haber hecho jamas un gran film.

Otras tantas veces pone de manifiesto su sobrevalorado intelecto y lo rutinaria y poco interesante que es su vida cotidiana. No se siente un intelectual y en este libro no hace mas que aportar datos para corroborarlo.

No tengo ningún deseo de ver el Taj Mahal, la Muralla China y el Gran Cañón. No quiero visitar las pirámides ni pasearme por la Ciudad Prohibida. Y, definitivamente, no quiero estar a bordo de uno de esos primeros cohetes al espacio exterior, para mirar la Tierra desde lejos y experimentar la falta de gravedad. Soy un gran fan de la gravedad y espero que dure.

Divertido, entretenido, ágil, inteligente, positivo, ameno, lúdico, eso es Woody Allen y eso es este libro, la historia de una vida de alguien que se siente un afortunado por haberla vivido como lo ha hecho. Un artista que siempre siguió su camino sin dejarse influir por nadie, pero que es capaz de admirar el arte y reconocer la superioridad de otros colegas. Un hombre que habla con cariño y con amor de todas sus relaciones amorosas. Todo es buen humor, respeto y buenos recuerdos cuando habla de las mujeres (por cierto curriculun impresionante) con las que ha estado, y lo afortunado que ha sido por estar con ellas. Incluso habla con cariño de sus primeros tiempos con Mia Farrow y de sus interpretaciones en sus películas.

Woody Allen en estas memorias ha decidido mirar, como decían los Monthy Pyton, el lado luminosos de las vida, y lo afortunado que se ha sentido, mofándose continuamente de sus neurosis y sus defectos. Sólo deja traslucir cierto poso de amargura al ver como en los últimos tiempos necesita exiliarse para afrontar nuevos proyectos. Como en esa ciudad, Nueva York, que él tanto ha encumbrado, no pueden estrenarse sus películas y como salvo excepciones, sus colegas le han dado la espalda frente a las injustas acusaciones del “Me too”.

Respecto a su legado, su mensaje para las nuevas generaciones del futuro, o para sus fans cuando ya no esté, que lo diga él mismo:

Para mí es completamente irrelevante lo que ocurra con mi obra cuando yo no esté. Sospecho que después de mi muerte casi nada me pondrá nervioso, ni siquiera ese ruido irritante que hacen los vecinos con un soplador de hojas.

Más que vivir en los corazones y en las mentes del público, prefiero seguir viviendo en mi casa.

Cumple 100 años: “Las dos tormentas” de D.W.Griffith

Este año 2020, se cumple el centenario de una de las películas mas importantes de D.W.Griffith, “Las dos tormentas” cuyo título original es “Way Down East” (“Camino hacia el este”). Es bueno que hablemos de esta película, puesto que quizás sea la única oportunidad de hablar, en lo que a centenarios se refiere, de D.W. Griffith figura esencial en la historia del cine, cuya última obra importante es esta película que voy a tratar.

D.W. Griffith es nada más y nada menos, y así lo reconoce casi toda la generación de cineastas posteriores a la suya, que el padre del cine. La persona que creó el lenguaje cinematográfico y que sentó las bases sobre la forma de contar historias desarrollando un tipo de estructura narrativa que aun hoy sigue vigente. Todo esto queda resumido en una frase de Charles Chaplin sobre él: “El maestro de todos nosotros”.

Griffith, el racista sureño que reinventó el cine

Ciertamente su paternidad apenas transcendió al momento de la concepción del cine, y su patriarcado duró poco. En sus primeros tiempos, cuando las películas duraban media hora, en 1912, hizo “Los mosqueteros de Pig Alley”, señalada por todos los especialistas como la primera película que contenía los ingredientes básicos de lo que luego sería el cine negro. Posteriormente realizó lo que siguen siendo dos obras magnas del cine que aun hoy siguen impresionando y que marcaron un antes y un después en el arte cinematográfico, las colosales “El nacimiento de una nación” (1915) e “Intolerancia” (1916). Hitos del cine, y también de su carrera, ya que tras estos films ya solo transcendieron con relevancia hasta nuestros día “Lirios rotos” (1919) y el film que nos ocupa “Las dos tormentas”. D.W.Griffith creó” el cine, y esculpió estos magnos monumentos para inmediatamente después caer en el olvido y convertirse en una especie de anacronismo. Ni siquiera puede decirse que no se adaptara al sonoro como les pasó a muchos, ya que apenas llegó con vigencia y transcendencia a los años 20 y el sonoro solo le certificó como una pieza de museo.

También se podría hablar de la personalidad de D.W.Griffith, de su origen sureño, de su afán evangelizador y transcendente y de las mil polémicas que aun hoy sigue generando “El nacimiento de una nación” y el papel de héroes que encarnan en la misma los caballeros del Ku Klux Klan. No es mi intención, y además no estoy de acuerdo con este revisionismo que desacredita obras artísticas por ideas de antaño o concepciones de otras épocas. Griffith es historia del cine, fue un pionero e independientemente de polémicas, su lugar es incuestionable.

Otro elemento importante es su protagonista, Lilian Gish, quizás la primera gran estrella cinematográfica. Una habitual en las películas de Griffith (era parte de la troupe de actores que le seguían) un prototipo en cuanto a físico y forma de actuar de lo que era una actriz de cine mudo, y que si bien no consiguió mantener su estatus tras su etapa con el director, al menos estuvo presente en films muy posteriores y de gran relevancia como “La noche del cazador”, “Jennie” o “Duelo al sol”, llegando a trabajar hasta finales de los 80 (murió con 99 años).

Lillian Gish | About Lillian Gish | American Masters | PBS

Centrándonos en “Las dos tormentas”, la película es puro Griffith. Con un formato de melodrama decimonónico y extremo y con toda una serie de elementos aun vigentes en este tipo de historias, como pueden ser una mujer pobre, engañada, que se queda embarazada, que pierde a su hijo y cuyo pasado la persigue cuando reconstruye su vida y se acerca a la felicidad. Estamos ante una historia interesante, contada con ritmo, entretenida (lo cual no es siempre fácil , ya que la mirada de hoy complica mucho acercarse al cine mudo de hace un siglo) y muy emocionante.

Quizás lo que más sigue trascendiendo de la película es ese final espectacular y trepidante donde la protagonista queda aislada en un bloque de hielo que se dirige a una cascada y que ciertamente visto hoy, mantiene tensión y provoca admiración por el mérito de hacerlo en aquella época.

Lillian Gish Stock Videos & Royalty-free Footage - Getty Images

Una muy buena película, no solo interesante, también objetivamente emocionante y entretenida, con giros en la trama, escenas trepidantes, múltiples escenarios, personajes complejos y un ritmo adecuado (salvo el inicio de la segunda parte, quizás en exceso contemplativo). Una obra que a pesar del tiempo mantiene su fuerza, merece la pena ser vista y que sorprendentemente ha aguantado bien el paso de los años, nada menos que cien.