Antidisturbios

Comienzo esta crítica reconociendo que he tenido que dejar pasar unos días para enfrentarme al análisis de una serie que me ha tocado fuerte. Una serie que apela tanto al intelecto como al alma del espectador, un puñetazo en el estómago que te deja varias veces sin aliento y un drama tan poderoso como profundo que nos muestra un retablo portentoso del comportamiento humano.

Un título como “Antidisturbios” y una trama cuya sinopsis se reduciría seguir a las peripecias de un grupo de policías tras un hecho desgraciado que se produce en el primer episodio, no me hacía vislumbrar la posibilidad de experimentar un gran entusiasmo.

Pero el hecho de que el creador de la serie fuera Rodrigo Sorogoyen (aquí junto a Isabel Peña) ya implicaba un sello de acreditada calidad. Pocos, quizás nadie, rueda en España con el brío de este director. Recuerdo como hace ya años y casi por casualidad, vi su primera película en solitario, “Stockholm” (2013), que me dejó absolutamente arrebatado y que me generó el interés por cada uno de los proyectos posteriores de Sorogoyen que aun cambiando radicalmente de estilo y tono respecto a su opera prima, se siguió revelando como un director muy potente. Primero obsequiándonos con un notábilísimo thriller “Que Dios nos perdone” (2016), dando luego un paso más en la tensión inmersiva y trepidante con “El reino” (2018), para dejarme noqueado con su corto “Madre” (2017) y algo desconcertado con su secuela en forma de largometraje en 2019.

Serie 'Antidisturbios': Un furgón policial en el infierno | Cultura | EL  PAÍS

Sin embargo, lo que hace Sorogoyen en “Antidisturbios” es un salto mortal desde la atalaya ya muy elevada de su carrera. Quizás suene algo desmesurado decirlo, pero es posible que “Antidisturbios” sea la mejor serie de ficción española de todos los tiempos y está a la altura de cualquiera de las grandes series internacionales que se han hecho en los últimos años.

Si el cine, las series, la ficción en general, tienen como máxima aspiración generar emoción en el espectador, Sorogoyen lo hace. Pero además, lo hace desde la propia narrativa del medio, no dependiendo en exclusiva, como en la mayoría de las ocasiones, de un material o soporte literario. Es la propia fuerza de sus imágenes, el ritmo, el tono, la sensación de verdad de lo que está pasando y como sumerge al espectador en las situaciones, lo que da a este drama una identidad propia y una personalidad única.

Cuando todo es tan bueno, destacar algo cuesta, pero si tuviera que hacerlo, me quedaría con las extraordinarias escenas de tensión inmersiva que se nos muestran cada vez que el equipo de antidisturbios entra en acción. Antológica la primera secuencia del deshaucio y para los anales de la historia la pesadilla que se desarrolla en los alrededores del Santiago Bernabeu. Sinceramente, no he visto nada igual, y ahora mi cabeza alberga algunas imágenes que soy incapaz de sacudirme.

Antidisturbios' (2020) crítica: la serie de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña  para Movistar+ es una demostración de poderío y alta tensión

Pero al mismo nivel está la historia de amistad, compañerismo y lealtades sometidas a situaciones de presión límites. Hombres fuertes con derecho a ejercer la violencia legítima en su trabajo porque el sistema les ha dotado de ese poder, pero que a la vez son en cierto modo víctimas de ese mismo sistema que los usa como un eslabón en la maquinaria para conseguir objetivos no siempre honestos.

El retrato psicológico de los personajes es extraordinario porque todos destilan verdad y todos se nos muestran con personalidades y roles que hemos visto a nuestro alrededor y que incluso en alguna ocasión hemos ejercido en nuestra relación con los demás. Todos tienen sus razones y reaccionan en base a unas motivaciones, pero en el fondo se deben a un grupo de personas con las que comparten unas experiencias límites que ni la familia puede traspasar. Destacar algún personaje o interpretación sobre otra sería injusto, todos están excelentes desde su diversidad tanto en las características del personaje como en su perfil interpretativo. Los actores están superlativos y su trabajo queda condensado en la larga secuencia (un prodigio técnico y actoral) de la cena, que comprime en unos minutos todos los estados de ánimo, relaciones, idiosincrasia y las diferentes respuestas ante su situación. Una especie de puzzle donde las piezas saltan en un momento para volverse a recomponer poco después. La amistad y el conflicto se entremezclan y vemos como unos hombres sentados alrededor de una mesa pueden generar más tensión y fuerza que la más ambiciosa escena de acción trepidante, lo que lo conecta en cierta medida con los mejores momentos del cine de Tarantino.

Antidisturbios' es el mejor thriller seriéfilo del año

Por último, como no puede ser de otra manera, hay una trama que ensambla el desarrollo de la serie. La labor policial del grupo de asuntos internos y la alta corrupción, convergen con las acciones de los antidisturbios, tomando como eje central a una policía interpretada por Vicki Luengo compleja e imprevisible, terca y sin escrúpulos. Aquí también hay un manejo del ritmo y de las situaciones portentoso. Hay secuencias de interrogatorios extraordinarias, y otras de una gran tensión relacionadas con las escuchas o el asalto de un piso. En general, una estructura narrativa y una evolución de los personajes a los que acompañas en sus cambios y sus giros, y que se ven arrastrados por los hechos que se van generando a su alredededor.

Mas que la experiencia de sentarte a ver una serie en una butaca frente al televisor, el visionado de “Antidisturbios” se aproxima al de una gran ola que se te lleva por delante emocionalmente, que te ahoga, y que paradójicamente te hace disfrutar a traves de la tensión y el sufrimiento. Lo que sí puedo asegurar al que la vea, es que sus imágenes y personajes les van a acompañar durante mucho tiempo.

El tercer día

Recuerdo hace unos años, la satisfacción que me produjo iniciar una serie casi por casualidad y sin haber oído nada sobre ella. Se trataba de “Utopía” (2013) y creo que aun a día de hoy, si alguien me preguntara por los mejores inicios de una serie o por los capítulos concretos que más me han impactado en una ficción televisiva, el inicio de “Utopía”, sobre todo su primer episodio, formaría parte de los mejores recuerdos seriefilos que tengo. Ciertamente no pudo mantener tan excelso nivel (eso solo lo ha conseguido “Chernobyl” y pocos más) pero sí mantuvo el suficiente para que su primera temporada resultara satisfactoria, decayendo, eso sí, en una segunda temporada que apenas tenía destellos de la anterior.

Pues bien, recientemente HBO ha estrenado una serie del creador de “Utopía” Dennis Kelly, y además lo hacía con una ambición y medios mayores (uno de los productores es Brad Pitt), con actores tan contrastados como Jude Law, Emily Watson o Paddy Considine, con un envoltorio visual poderoso y un argumento a priori interesante e inquietante.

El tercer día', la serie del creador de 'Utopía', deja ver un sugerente  tráiler | by Valentina Morillo | Fuera de Series

La serie trata la peripecia personal de un hombre que llega una misteriosa isla de difícil y limitado acceso, donde vive una extraña comunidad, a la que el protagonista parece sentirse atraído y que le conecta con un traumático hecho de su pasado.

El inicio de la serie mantiene cierto nivel, aunque enseguida percibimos de una manera más o menos explícita, resonancias de otras historias que ya hemos visto. La más evidente “El hombre de mimbre” (1973), película británica de culto con una base argumental y atmósfera muy similar a la que muestra la serie. Pero también otras como “¿Quien puede matar a un niño?” (1976) de Narciso Ibañez Serrador e incluso en un ámbito más de fondo “El ángel exterminador” (1962) de Luis Buñuel.

Ojalá hasta aquí hubieran llegado los inconvenientes, ya que aun existiendo estos anclajes, las influencias son tan potentes y de tanta calidad, que un producto final que se aproximase a la angustia y desconcierto que transmiten resultaría más que interesante. Pero el problema es que vista la serie, lo antes expuesto no es más que una declaración de principios que se esfuma rápidamente. Este argumento, relativamente atractivo, aguanta lo que aguanta, tan sólo la expectativa incumplida de un desarrollo que esperas que te lleve a la resolución de un enigma a través de una trama llena de intriga, tensión y desasosiego.

La serie naufraga (nunca mejor dicho tratándose de una isla), y peor aun, a diferencia de “Utopía”, apenas muestra destello alguno de maestría o emoción. Lo que empieza viéndose con moderado interés y cierta inquietud, acaba desembocando en un sinsentido que deriva en el ridículo.

El propio planteamiento acaba resultando fallido, y frente a la tensión y desasosiego que promete, acaba deambulando por los territorios del desinterés, que en los ultimos episodios se entremezclan con aburrimiento y un desconcierto tanto en el argumento como en las propias interpretaciones (la caracterizacción e interpretación de Jude Law es ridícula y le planicie dramática de Naomi Harris en alguna escena heladora) todo ello aderezado con secuencias fuera de toda lógica.

Un triste y confuso ejercicio de intriga que mezcla lo real y lo fantástico, no acertartando con solvencia en ninguno de los dos ámbitos. Una serie que se va diluyendo capítulo a capítulo, que acaba cayendo en momentos de quietud y sopor repetitivos y que deriva en una especie de pastiche de elementos fallidos que no llevan a ningún lado y que acaban generando situaciones absurdas y resoluciones inverosímiles. Una pena.

Under the Skin

Llevaba ya años detrás de esta película. Un título de 2013 que de forma recurrente aparecía en listados de las mejores películas de los últimos años y sobre el que había numerosas reseñas en círculos muy cinéfilos, no siendo hasta este año, al menos de forma legal, posible disfrutarlo. Tras verlo, lo primero que a uno se le ocurre es que es tan desconcertante, singular e inexcrutable como su recorrido comercial.

Se trata de una película extrema, ideal para alimentar debates cinéfilos y apartada de cualquier concesión que pueda engarzarla con el gran público. Aunque eso sí, con un elemento disrruptivo que es la presencia de una gran estrella, Scarlett Johansson, a la que por su elección, exposición y riesgo por protagonizar esta película no cabe más que alabarla. Esto no obstante puede provocar malos entendidos entre cierto tipo de público. Aun recuerdo como en la cola de la taquilla del cine para ver “El árbol de la vida”, una pareja que iban delante de mí comentaba animosamente lo bien que se lo iban a pasar viendo una peli de Brad Pitt. Los pobres no sabían que lo que realmente iban a ver era una película de Terrence Malick. Por supuesto, esta pareja abandonó la sala antes de llegar a la primera hora y no fueron los únicos en hacerlo. De ahí que sea importante decir que si bien se trata de un film de Scarlett Johanson, que lo da todo en un papel y que aparece en casi todos los planos de la película, exponiéndose físicamente como nunca antes y seguramente como nunca lo hará después, el film huye de cualquier tipo de narrativa para embarcarmos en unos ámbitos de experimentación y recursos sensoriales que lo alejan del cine convencional.

Una de las películas más icónicas de Scarlett Johansson llegará a los cines  españoles 7 años después

Su argumento, permite muchas lecturas, y como no tendría claro hacia donde dirigirme hago corta y pega de la sinopsis que aparece en la ficha técnica de filmaffinity y que me parece el único punto de partida consensuado ante un film que permitiría todo tipo de elucubraciones sobre su temática: “Una misteriosa mujer deambula por las calles de Escocia, arrastrando a hombres solitarios y confiados a un destino fatal”.

Como ya digo, no es el argumento lo importante, sino la estética y el tempo visual y sensorial que transmite. Una película que te mantiene en una permanente sensación de incomodidad, desasosiego y desconcierto que te atrapan y hacen difícil despegarse de la pantalla y separar nuestra vista de una magnética, subyugante y enigmática Scarlett Johansson que lo es todo en esta cinta.

practical magic - Căutare Google | Scarlett johansson, Scarlett, Johansson

Su director, Jonathan Glazer, con una escasa filmografía, tan solo 2 largometrajes, y proviniente del mundo del videoclip musical, se coloca con esta película en ese escaso y extraño olimpo en que selectas minorías cinéfilas y posmodernas colocan películas generadoras de controversias artísticas y polémicas narrativas. Un film que en este contexto, entronca con “Holly Molors” (2012) de Leos Carax y que como este, no admite otras valoraciones que no sean las de alzarla al ámbito de lo magistral o denostarla como una tomadura de pelo sin sentido.

En mi caso, reconozco que si el cine hubiera optado mayoritariamente por este camino experimental, seguramente habría desertado de las salas. Pero ciertamente encuentro estimulante que se hagan películas extremas y singulares como esta. Obras que se dirijan a la emoción del que lo ve antes que a su raciocinio. Un film que exije al espectador dejarse llevar, más que por una historia, por una experiencia que nos funde con su protagonista en un mundo desolado, extraño, oscuro y lleno de inquietud y desconcierto. Un universo donde la belleza del cuerpo de Scarlett Johansson se mezcla con un paisaje urbano acechante, la deformidad extrema del ser humano, la crueldad, el misterio y un destino final trágico.

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Una propuesta estimulante y atractiva, pero al mismo tiempo complicada y sin concesiones al espectador. Más para sentirla que para entenderla.

Watchmen

Hablar de “Watchmen”, es hacerlo de una de las series más premiadas y valoradas de este año. Quizás la miniserie de referencia de esta temporada. Su creador, Damon Lindelof (“Perdidos” y “The Leftlovers”), hace una interpretación al parecer libre (yo no lo he leído) del cómic de culto de Alan Moore, que presenta una versión, digamos que alternativa, del trillado mundo de los superhéroes a los que aquí sitúa en complejas encrucijadas históricas y políticas.

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El primer adjetivo que me viene a la cabeza tras ver esta serie es “desconcertante”. Efectivamente, se trata de la adaptación de un comic y estamos en el universo de los superhéroes, lo cual a priori nos coloca en el entorno maisntream. Pero bajo esa premisa comercial muy a la moda, se nos ofrece un producto no del todo fácil. Una serie que por momentos llega a resultar inescrutable y a veces inaprensible, que mantiene su fascinación, y que está plagada de momentos brillantes, hipnóticos y adictivos, aunque no sepas muy bien a donde te llevan.

“Watchmen” es una especie de puzzle espacio temporal muy sofisticado que solo muy al final empiezas a completar, y no del todo. Pero es tan brillante su puesta en escena y tan impecable su realización, que todas esas piezas por separado nos fascinan igualmente aunque no termines de encajarlas bien.

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Podríamos decir que “Watchmen” es una serie de superhéroes de arte y ensayo. La trasposición de un cómic de autor, en un universo visual de narrativa algo compleja. A veces recuerda a los Batman de Cristopher Nolan como reformulación de un tipo de cine superficial y de puro entretenimiento que aquí se nos presenta en forma de alambicado mecanismo generador de múltiples lecturas.

De ahí que en cierta manera me sorprenda su éxito y su reconocimiento. No sé muy bien donde situar esta ficción, ya que aunque el artefacto donde navega resulta espectacular y el mimo y cuidado en los detalles impecable, es demasiado críptica para que pueda haber llegado a las masas con un veredicto tan unánime.

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Hay una gran puesta en escena, ciencia ficción, hay drama, incluso algo de melodrama, también hay terror, tensión, surrealismo, algo de humor,…..y sale Jeremy Irons. Por todo ello, aunque no creo que la vaya a colocar en el altar de mis series favoritas, sí que considero que todo el mundo debería saborear un plato con tantos sabores y matices en cada bocado. Luego, quizás, tras verla, reflexionar sobre ella, buscar diversas lecturas, filosofar con su mensaje, ……o hacer como yo, sentirse moderadamente satisfecho, disfrutarla sin mas, pero tampoco buscarle esa supuesta transcendencia que creo que en el fondo no tiene, y que quizás solo encuentren los muy fanáticos del cómic original. Porque al fin y al cabo, si entretiene e interesa, y lo hace de forma algo diferente a lo habitual, no hace falta ir más allá, ni creo que esta serie te deba de llevar a ningún lado, ni revelarte ningún mensaje de envergadura.

Cumple 100 años: “El Golem” de Paul Wegener y Carl Boese

En 1920 se estrenó la que podríamos considerar la versión cinematográfica definitiva de “El Golem”, que toma como referencia la leyenda de una estatua, un hombre de barro, erigido en el siglo XVI en el gueto de Praga y creado para salvar a la amenazada comunidad judía de la ciudad.

Esa leyenda fue libremente llevada a la literatura por Gustav Meyrink en 1915 en un popularísimo libro que fue el más leído en su época. Tomando como referencia el personaje protagonista de la historia, el cine no tardó nada en adaptarlo y fue Paul Wagener, actor y director, el encargado de hacerlo, a través de tres películas, inencontrables dos de ellas (1915 y 1917), pero quedando la tercera “El Golem” 1920, como la versión definitiva de la historia que ha llegado a nuestros días.

Refiriéndome a la película en si, recordar que estamos en el mismo año en que se estrena “El Gabinete del Dr.Caligary” y que nos encontramos en los albores del expresionismo alemán. Pero en el caso de “El Golem” no podemos decir que haya tomado unos senderos estilísticos tan rupturistas. Los decorados son excelentes y la estática adecuada, pero en un ámbito mas realista dentro de lo gótico a pesar de que la historia podría permitir mayores audacias visuales.

Der Golem – Wie er in die Welt kam (1920) | Silver in a Haystack

Realmente, viendo la trama, los que vemos es una especie de Frankenstein judío, que usa muchas referencias del monstruo clásico. Es una historia correctamente llevada y solo a veces emocionante (lo mejor la persecución por parte de el Golem de la chica y su amante). Por otro lado, la interpretación de Wagener como monstruo puede resultar hoy un tanto desfasada, con un exceso de expresividad que provoca una ligereza innecesaria en lo que debería aspirar a ser puro terror. Un personaje que es una estatua y al que un hieratismo de corte mas “frankensteniano” le hubiera venido mejor.

Un golem movido por bacterias - Jot Down Cultural Magazine

La transcendencia de Paul Wagener, director y protagonista de la película, no ha llegado a nuestros días mas que por este film y por “El estudiante de Praga”. Fue de los artistas que siguó trabajando con los nazis y su carrera nunca alcanzó las cotas de sus inicios. Curioso que quien hoy es recordado por interpretar a un personaje que defendía a los judíos, acabara siendo uno de los actores oficiales del régimen nazi.

En cualquier caso estamos ante uno de estos clásicos indiscutibles de la época en los que el cine empieza a ser también arte y a transcender de forma artística, y esta película es una parada que todo cinéfilo debe visitar.

“Pecho Frío” de Jaime Bayly

Siento debilidad por Jaime Bayly. Reconozco que mi primer avistamiento fue tardío, ya que la primera noticia que tuve de él fue a través de una tertulia radiofónica en el programa de la tarde en la SER con Gema Nierga (hace cerca de 20 años). El tipo me deslumbró por su gracejo, su extraordinario manejo del castellano y por una vida personal que me dejó anonadado y que contaba con un desparpajo y gracia desternillantes.

Jaime Bayly (@JaimeBayly_) | Twitter

De eso ya hace bastante tiempo, pero es la chispa que me ha hecho seguirle intermitentemente estos últimos años a través de sus artículos, intervenciones y sus programas de televisión. Reconozco que cada vez que sucede un hecho trascendente en el continente americano, busco en YouTube sus comentarios en su programa y como vicio oculto, de vez en cuando me pongo alguna grabación selecta como una antológica diatriba sobre el aire acondicionado del estudio donde presentaba su programa. Pocas veces me he reído tanto.

La apariencia exterior de Bayly, visto desde Madrid, sería la de un showman, un presentador talentoso y con criterio, una especie de “Gran Wyoming” con ese punto excesivo característico en ciertas latitudes, algo mas escandaloso, irreverente y más arrimado al petardeo.

Pero no es ese al ámbito que yo más valoro, ya a pesar de que teóricamente no estoy muy alineado con sus posiciones políticas, me parece un analista fino, sagaz, con un armazón intelectual profundo, inteligente que expone con discurso provocador y deslumbrante. Digo que teóricamente no estoy muy alineado, pero claro, yo no soy sudamericano ni he sufrido todos los latrocinios, dictaduras, ausencia de libertades y abusos de poder que los políticos de la zona han cometido a lo largo de décadas. Quizás esta postura neoliberal, que en lo privado eleva a lo libertario, y que lo aleja de buena parte de la intelectualidad de la zona, alineándolo en buena medida con Vargas Llosa (lo que por supuesto provoca entre ellos periódicos encontronazos, lo normal en dos divos tan diferentes, dos gallos de un mismo corral ideológico que no se pasan una), resulta muy respetable, y quizás sea el posicionamiento ideológico mas decente en ese contexto.

Sin embargo, me consta por alguna de sus declaraciones, que a pesar de sus programas, artículos, luchas políticas y escándalos personales, lo que él mas se siente es escritor. Y esto ya es de mi cosecha, un gran escritor, un mayúsculo escritor, donde funde su persona con su literatura creando historias apasionantes y vigorosas llenas de verdad, gracia y mala leche.

No hacía demasiado tiempo que había leído “Los amigos que perdí” que por supuesto no me decepcionó, pero iba posponiendo la lectura de su último libro. Un libro del que no se si por su título (a priori “Pecho frío” no me resulta un título atractivo) y quizás unos comentarios sobre el mismo menos entusiastas que en otros lanzamientos, me resistía a acometer su lectura.

Pero el encuentro con este libro era inevitable, de hecho gracias al mismo tuve la posibilidad de conocer brevemente a su autor (me dedicó un ejemplar en la Feria del Libro de Madrid) donde se mostró además educado, atento e interesado, al menos en apariencia, por algunos de mis comentarios, con lo cual a lo que ya percibía de su persona, debo añadirle el calificativo de “Gentleman”, que para eso su familia tiene raíces británicas.

Pero centrémonos en el objeto de este artículo que es “Pecho Frío”, para inmediatamente olvidar mis prejuicios o falta de expectativas, porque esta novela es tronchante y luminosa. Una obra que te agarra del pescuezo desde la primera línea, y ya no te suelta hasta su final, con la alucinante peripecia de su protagonista y una galería de personajes a su alrededor cada cual mas extremo.

Bayly hace de la exageración virtud, y eso es un gran mérito, porque es difícil que la sátira llevada al extremo funcione como un artefacto literario de calidad, pero es que Bayly es muy bueno, Bayly por seguir el hilo del artículo es un escritor mayúsculo que compite con autores como Vargas Llosa, aunque con un afán más transgresor, y un envoltorio diferente. Son cronistas de una realidad latinoamericana, que Bayly explica con “Pecho Frío” y Vargas Llosa con “El Chivo”. Bayly toma el esperpento valleinclanesco y lo lleva a su universo y a escenarios rejuveneciéndolo y dignificándolo.

Pero también me lleva a relacionarlo, en su exuberante modernidad, con el trepidante ritmo cinematográfico de cierto tipo de comedia norteamericana. Sospecho que a Billy Wilder le hubiera encantado llevar esta historia a la pantalla, que me familiariza además con una especie de reverso extremo y sin filtros de otra referencia fílmica que a veces me ha venido a la cabeza mientras la estaba leyendo que es “In & Out”.

El proceso de la escritura es de una intimidad cartujana inaprensible para el resto, incluido el posterior lector, pero apostaría bastante dinero a que Bayly se lo ha pasado bien escribiendo esta obra y poniendo esos nombres disparatados y asociándolos en todo o parte con gentes que conozca, y que yo desde Madrid no alcanzo a identificar Lo bueno es que en mi teoría Bayly consigue hacer disfrutar, disfrutando él mismo, y nos divierte a través de su vitriólica y ácida perversión, en un acto intelectual donde ambos, escritor y lector, se han sentido saciados, extenuados pero contentos, con esa media sonrisa placentera que nos deja la lectura de esta novela (añádanle un cigarro los fumadores).

No pare de vivir Sr.Bayly ya que como usted vive, usted escribe y el resto tras leerle, vivimos un poquito mejor.

“Los asquerosos” de Santiago Lorenzo

Llevaba tiempo con este libro en la recámara. Eran muchas sus ventas y las valoraciones positivas de crítica y público, y aunque no me motiva demasiado tener un libro en mi estantería con un título que tira para atrás (ya lo siento, pero “Los Asquerosos” es un título que me parece un poco idem, por mucho que sea reflejo de un determinado tipo de personas señaladas en el libro) al final la curiosidad puede y ese esnobismo algo tontuno que tengo, de estar siempre a la última en series, películas y libros, hace inevitable pasar por lecturas como esta.

Ahora la pregunta sería si me ha llenado la experiencia. Uhmmm yo creo que sí, de partida diré que no me parece tiempo perdido haberlo leído. Esta novela no es “Walden” ni “Robinson Crusoe”, pero tiene algún elemento que me hace conectar con ella, un fondo, un mensaje con un punto vital atractivo (me da algo de miedo expresar esto). Quien no ha sentido la tentación, sobre todo cuando el dinero, las obligaciones sociales, laborales y familiares, el estrés etc te rodean, de retirarse al campo, aislarse, huir y dejar de depender de una dinámica vital plagada de cosas que no son esenciales e ir a lo básico.

Es cierto que mi carácter está muy adocenado y quien no tiene otras creencias y como yo solo practica la religión de la cultura, aparte de libros uno siempre va a necesitar sus dosis de cine, series, teatro o conciertos, lo cual ya me invalida para ser Manuel, el protagonista de esta historia, al que al menos se le suministra un lote de libros de la Colección Austral, como concesión a tipos como yo.

La historia contada, en su idea básica y en su estructura nuclear creo que está muy bien. Un joven algo solitario y desubicado aprovecha un acontecimiento que le hace huir para llevar una vida aislada muy acorde con sus anhelos más íntimos y que acaba atrapándole. Auque en el camino se va a encontrar con dificultades logísticas e intentos de invasiones “mochuflas” (no me voy a alargar en el desarrollo de este concepto, lean el libro, pero en una entrevista el autor los define entre otras cosas como gente que ve “Sálvame”, lo cual creo que ya da una idea).

Mis problemas con este libro aparecen si me voy al detalle. Como ya he dicho la primera capa del libro es impecable, pero al empezar a excavar un poco, hay cuestiones que me suscitan algunas dudas.

No entiendo muy bien, y creo que lo pide a gritos, que la novela no esté narrada en primera persona por el protagonista. Creo que distancia al lector en algo tan íntimo como son las vivencias del protagonista y hace poco verosímil el detallismo de un tercero no presente en su acontecer diario.

Por otro lado hay momentos en que la prosa se me hace algo de bola, hay fases donde la fluidez no es la que debiera, aunque no pretendo decir con esto que no se siga a o no se entienda, no deja de ser una apreciación de estilo muy personal. Como también lo es que siendo un tema interesante que invoca a lo más profundo del ser humano en el encuentro consigo mismo, apenas haya encontrado alguna frase que subrayar o idea que anotar.

Por último creo que el acontecimiento en el portal que acciona toda la historia se produce de una forma demasiado inesperada, sin apenas desarrollo previo alguno del personaje, apareciendo como un fogonazo suelto sin mucha lógica. Su seguimiento, o ausencia del mismo me parece poco verosímil. Casi mejor soslayar que mostrar tan escaso interés por seguir un hecho tan supuéstamente grave y cuyas consecuencias en teoría determinan toda la trama. Por último el desencadenante del final, el accidente con el hacha, también lleva la misma traza de aparecer de repente y cambiar el curso de la historia en un párrafo cuando hemos sido tan cadenciosos en otras partes de la trama.

En cualquier caso queda un poso positivo, es una obra que lleva a la reflexión en ciertos temas, es interesante. Una ficción perturbadoramente posibilista para quien la lee, capaz de hacernos detectar algún síntoma de enfermedad en nuestra alma, y cuyo diagnóstico recibe en esta novela un fuerte tratamiento de choque como es prescindir de todo salvo de nosotros mismos. Tan fácil y tan difícil al mismo tiempo.

“A propósito de nada” de Woody Allen

Cada vez que pienso en lo cerca que se ha estado de que este libro no viese la luz, siento una punzada de alivio por lo afortunado que soy de que no haya sido así y por los momentos de felicidad, risas y entretenimiento que me ha proporcionado su lectura.

Vivimos tiempos en que la conducta personal de una persona puede dilapidar y derrumbar sus obras artísticas. Me parece discutible y creo que ambas cosas son disociables, ya que la conducta penal de alguien no debería sepultar méritos de otra índole. Creo que cualquiera puede repudiar la figura de Harvey Weinstein, pero no por ello renunciar a disfrutar de los proyectos en los que participó, por que entonces ya no podríamos ver las pelis de Tarantino que él produjo. Como tampoco podríamos ver ninguna película de Kevin Spacey o Dustin Hoffman, ni escuchar ninguna ópera en la que haya participado Plácido Domingo. ¿Acaso Cervantes no fue a la cárcel por quedarse con parte de los impuestos que recaudaba como funcionario público?, debería esto hacerme huir de la lectura del Quijote…o un último ejemplo, Caravaggio, gran pintor pero un pendenciero y un asesino ¿Se debería por esto quemar sus cuadros o arrojarlos a un desván?

El debate está ahí y mi postura es clara, pero lo peor con Woody Allen es que él no debería formar parte del mismo, ya que su situación no alcanza a las anteriores. Woody Allen ni ha reconocido ningún delito ni comportamiento impropio ni ha sido condenado por ellos a pesar del exhaustivo escrutinio que ha sufrido al respecto. Fue acusado, no hubo evidencia alguna de la acusación y fue declarado inocente. Punto y final.

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Mi opinión sobre Woody Allen no es de rendirme ante su obra. Me cae bien su persona, me parece un tipo inteligente y con un sentido del humor con el que empatizo en general y que encarna una generación de artistas y una forma de ver la vida que me gustan. Pero al mismo tiempo, tengo que reconocer que vistas casi todas sus películas, son muy pocas las que me llenan, en todas hay chispazos geniales, pero pocas me atrapan durante todo el metraje. En cualquier caso, esta no deja de ser una opinión cinéfila que no cabe en este artículo que está dedicado a su autobiografía.

Estamos ante las memorias de un cineasta, pero Woody Allen no solo es un cineasta, es un adjetivo, una mirada sobre las cosas, es una visión del amor, la pareja y la muerte y también es Nueva York, y en cierta manera el representante de otra época y una perspectiva singular sobre todo.

Todo esto es su autobiografía. Allen repasa cronológicamente su vida, desde su infancia a la actualidad, sin imposturas, quitándose importancia y con su particular sentido del humor y la ironía que impregnan todo, por traumático que pueda ser lo que esté contando.

Al principio Allen habla de su infancia, su barrio, sus padres, la felicidad que le proporcionaba meterse en un cine y los grandes comediantes y monologuistas de la época, a los que en el inicio de su carrera empieza a suministrar chistes, para poco después ser él mismo el que se suba al escenario.

Yo me burlo de mis padres en esta narración de mi vida, pero cada uno de los conocimientos que me impartieron me ha servido mucho en las décadas posteriores. De mi padre: cuando compres un periódico en un quiosco, nunca cojas el que está encima del todo. De mi madre: la etiqueta siempre va a la espalda.

A partir de ahí Allen entra en el mundo del cine y ya no parará hasta hoy. Repasa sus peripecias personales (especialmente en lo que a las relaciones de pareja se refiere) y las alterna con sus películas y la gente con la que trabajó en ellas.

Por último, no escatima espacio, como no puede ser de otra manera, en el episodio personal más gris y desagradable de su vida, las acusaciones de su ex pareja Mia Farrow, de cometer abusos sexuales sobre una hija menor de edad. Ahí Allen es exhaustivo, convincente y a pesar de la situación, no abandona su sentido del humor. Además sigue el hilo de este episodio para desembocar en su actual pareja Soon-Yi a la que hace objeto de una bellísima declaración de amor

A un tipo cuyo momento mas emocionante del día consiste en dar un paseo por el Upper East Side, no hay duda de que un sórdido escándalo digno de de cualquier periódico sensacionalista puede subirle la adrenalina.

Su lectura de las cosas siempre es positiva y tienen un punto lúdico y brillante que me hacían que estuviese siempre deseando continuar con su lectura. Un libro además plagado de momentos y anécdotas que como cinéfilo lo hacen aun más interesante. Quizás el elemento con el que me quedo es su ausencia total de vanidad y un discurso en el que constantemente le quita importancia y transcendencia a su persona y a su obra. Así, en numerosas ocasiones califica películas suyas como bobas o directamente fallidas y su técnica y exhaustividad artística como escasas.

¿Qué es lo que más lamento? Solo haber recibido millones de dolares para hacer películas, haber gozado de un control artístico total y no haber hecho jamas un gran film.

Otras tantas veces pone de manifiesto su sobrevalorado intelecto y lo rutinaria y poco interesante que es su vida cotidiana. No se siente un intelectual y en este libro no hace mas que aportar datos para corroborarlo.

No tengo ningún deseo de ver el Taj Mahal, la Muralla China y el Gran Cañón. No quiero visitar las pirámides ni pasearme por la Ciudad Prohibida. Y, definitivamente, no quiero estar a bordo de uno de esos primeros cohetes al espacio exterior, para mirar la Tierra desde lejos y experimentar la falta de gravedad. Soy un gran fan de la gravedad y espero que dure.

Divertido, entretenido, ágil, inteligente, positivo, ameno, lúdico, eso es Woody Allen y eso es este libro, la historia de una vida de alguien que se siente un afortunado por haberla vivido como lo ha hecho. Un artista que siempre siguió su camino sin dejarse influir por nadie, pero que es capaz de admirar el arte y reconocer la superioridad de otros colegas. Un hombre que habla con cariño y con amor de todas sus relaciones amorosas. Todo es buen humor, respeto y buenos recuerdos cuando habla de las mujeres (por cierto curriculun impresionante) con las que ha estado, y lo afortunado que ha sido por estar con ellas. Incluso habla con cariño de sus primeros tiempos con Mia Farrow y de sus interpretaciones en sus películas.

Woody Allen en estas memorias ha decidido mirar, como decían los Monthy Pyton, el lado luminosos de las vida, y lo afortunado que se ha sentido, mofándose continuamente de sus neurosis y sus defectos. Sólo deja traslucir cierto poso de amargura al ver como en los últimos tiempos necesita exiliarse para afrontar nuevos proyectos. Como en esa ciudad, Nueva York, que él tanto ha encumbrado, no pueden estrenarse sus películas y como salvo excepciones, sus colegas le han dado la espalda frente a las injustas acusaciones del “Me too”.

Respecto a su legado, su mensaje para las nuevas generaciones del futuro, o para sus fans cuando ya no esté, que lo diga él mismo:

Para mí es completamente irrelevante lo que ocurra con mi obra cuando yo no esté. Sospecho que después de mi muerte casi nada me pondrá nervioso, ni siquiera ese ruido irritante que hacen los vecinos con un soplador de hojas.

Más que vivir en los corazones y en las mentes del público, prefiero seguir viviendo en mi casa.

“Patria” de Fernando Aramburu

Con un poco de retraso he acometido la lectura de un libro que casi desde que salió sabía que iba a leer. La unanimidad de crítica y de lectores individuales era tal, que ya desde el primer momento se vislumbraba que esta obra sería una novela de referencia de los últimos años de la literatura española.

Muchas veces la certeza e inevitabilidad de un encuentro hacen que posponerlo pueda suponer un deleite en si mismo. Sabes que es la lectura que te conviene, ese libro en el que apuestas todas las fichas a que te va a gustar y ahí está en mi estantería, esperando a ser paladeado. Mientras, van surgiendo aventurillas en forma de libros menos contrastados, con dudas previas sobre si leerlos será una pérdida de tiempo y con menos opiniones en las que basarse o escasas referencias.

Tras muchos devaneos, este verano ha sido el momento de sentar la cabeza y acudir a un libro que sabía que me convenía, que me iría bien, con el que gozaría y cuyo único problema previo es que ya no iba a descubrírselo a nadie, es lo que tiene un fenómeno literario tan incontestable como este.

La lectura de las vidas que plantea Aramburu es profunda y nos concierne a todos. Bajo la piel de unos personajes que viven una perenne encrucijada vital, el autor los somete (nos somete) a las verdades y sinsentidos de una vida por la que les ha tocado deambular con una sombra de fondo que les ha permitido llevar una existencia, pero no tener experiencia vital gozosa.

Quizás ese poso vital le llevó a volcar ya sin intermediarios esos retazos e ideas sobre la vida en clave autobiográfica que es “Autorretrato sin mí” (2018). Aquí pone poso y explicaciones de mayor hondura a lo que son silencios y cotidianidad en los personajes de “Patria”, cuya sombra de muerte puede quedar resumida en una frase que el autor acuña para la amistad, pero que puede aplicase a cualquier orden de relación personal o familiar “Luego de habernos despedido me doy la vuelta para verlo marchar. La mitad de mí se va con él, la mitad de él está conmigo” Eso es “Patria”, la transmutación de las almas tras una pérdida y la reacción de ambas orillas ante el vacío que provoca.

Fernando Aramburu - Wikipedia

“Patria” es una novela sin fisuras, bien escrita, bien desarollada, profunda sin ser pedante, cadenciosa sin resultar lenta. “Patria” es una novela de zombies, y también de fantasmas, porque sus personajes son muertos en vida marcados por una tragedia con la que intentan convivir, pero que ninguno puede sortear, muertos “amortajados de secretos”, presentes y ausentes a la vez. Está bien que recordemos lo que en este país tan pronto parecemos haber olvidado, como son esos muertos vivientes, pues la mayoría de esas vidas truncadas deberían de seguir existiendo y esas muertes en unos casos y supuestos sacrificios en otros no han servido para nada más que para provocar un sufrimiento eterno en quienes ya no podrán recuperar ni las ausencias ni el tiempo perdido.

Me gusta la pausa que el autor se toma en el desarrollo de sus personajes, los saltos en el tiempo y los momentos supuestamente ajenos al hecho central que viven los protagonistas, porque queda claro que cualquiera de sus decisiones viene marcada a fuego por una experiencia vital que los sobrevuela y ante la que cada uno pelea con las armas que puede. Las diferentes formas de afrontar las cosas, la densidad gris y mortecina de una sociedad cobarde y ruin, las pequeñas miserias humanas y la terquedad de dos mujeres que son dos gotas de agua similares pero que nadan en mares diferentes, completan un retablo oscuro pero que aun así, busca la luz al final del túnel.

Una novela en la que a pesar de su extensión no sobra nada, pero tampoco falta, y donde desde el odio y la cobardía se abre paso una humanidad tardía pero puede que no inútil. Una novela a contracorriente que ojalá desmienta lo que dice uno de los personajes “Al final siempre gana el olvido”. Esperemos que no.

Cumple 100 años: “Las dos tormentas” de D.W.Griffith

Este año 2020, se cumple el centenario de una de las películas mas importantes de D.W.Griffith, “Las dos tormentas” cuyo título original es “Way Down East” (“Camino hacia el este”). Es bueno que hablemos de esta película, puesto que quizás sea la única oportunidad de hablar, en lo que a centenarios se refiere, de D.W. Griffith figura esencial en la historia del cine, cuya última obra importante es esta película que voy a tratar.

D.W. Griffith es nada más y nada menos, y así lo reconoce casi toda la generación de cineastas posteriores a la suya, que el padre del cine. La persona que creó el lenguaje cinematográfico y que sentó las bases sobre la forma de contar historias desarrollando un tipo de estructura narrativa que aun hoy sigue vigente. Todo esto queda resumido en una frase de Charles Chaplin sobre él: “El maestro de todos nosotros”.

Griffith, el racista sureño que reinventó el cine

Ciertamente su paternidad apenas transcendió al momento de la concepción del cine, y su patriarcado duró poco. En sus primeros tiempos, cuando las películas duraban media hora, en 1912, hizo “Los mosqueteros de Pig Alley”, señalada por todos los especialistas como la primera película que contenía los ingredientes básicos de lo que luego sería el cine negro. Posteriormente realizó lo que siguen siendo dos obras magnas del cine que aun hoy siguen impresionando y que marcaron un antes y un después en el arte cinematográfico, las colosales “El nacimiento de una nación” (1915) e “Intolerancia” (1916). Hitos del cine, y también de su carrera, ya que tras estos films ya solo transcendieron con relevancia hasta nuestros día “Lirios rotos” (1919) y el film que nos ocupa “Las dos tormentas”. D.W.Griffith creó” el cine, y esculpió estos magnos monumentos para inmediatamente después caer en el olvido y convertirse en una especie de anacronismo. Ni siquiera puede decirse que no se adaptara al sonoro como les pasó a muchos, ya que apenas llegó con vigencia y transcendencia a los años 20 y el sonoro solo le certificó como una pieza de museo.

También se podría hablar de la personalidad de D.W.Griffith, de su origen sureño, de su afán evangelizador y transcendente y de las mil polémicas que aun hoy sigue generando “El nacimiento de una nación” y el papel de héroes que encarnan en la misma los caballeros del Ku Klux Klan. No es mi intención, y además no estoy de acuerdo con este revisionismo que desacredita obras artísticas por ideas de antaño o concepciones de otras épocas. Griffith es historia del cine, fue un pionero e independientemente de polémicas, su lugar es incuestionable.

Otro elemento importante es su protagonista, Lilian Gish, quizás la primera gran estrella cinematográfica. Una habitual en las películas de Griffith (era parte de la troupe de actores que le seguían) un prototipo en cuanto a físico y forma de actuar de lo que era una actriz de cine mudo, y que si bien no consiguió mantener su estatus tras su etapa con el director, al menos estuvo presente en films muy posteriores y de gran relevancia como “La noche del cazador”, “Jennie” o “Duelo al sol”, llegando a trabajar hasta finales de los 80 (murió con 99 años).

Lillian Gish | About Lillian Gish | American Masters | PBS

Centrándonos en “Las dos tormentas”, la película es puro Griffith. Con un formato de melodrama decimonónico y extremo y con toda una serie de elementos aun vigentes en este tipo de historias, como pueden ser una mujer pobre, engañada, que se queda embarazada, que pierde a su hijo y cuyo pasado la persigue cuando reconstruye su vida y se acerca a la felicidad. Estamos ante una historia interesante, contada con ritmo, entretenida (lo cual no es siempre fácil , ya que la mirada de hoy complica mucho acercarse al cine mudo de hace un siglo) y muy emocionante.

Quizás lo que más sigue trascendiendo de la película es ese final espectacular y trepidante donde la protagonista queda aislada en un bloque de hielo que se dirige a una cascada y que ciertamente visto hoy, mantiene tensión y provoca admiración por el mérito de hacerlo en aquella época.

Lillian Gish Stock Videos & Royalty-free Footage - Getty Images

Una muy buena película, no solo interesante, también objetivamente emocionante y entretenida, con giros en la trama, escenas trepidantes, múltiples escenarios, personajes complejos y un ritmo adecuado (salvo el inicio de la segunda parte, quizás en exceso contemplativo). Una obra que a pesar del tiempo mantiene su fuerza, merece la pena ser vista y que sorprendentemente ha aguantado bien el paso de los años, nada menos que cien.